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(Carta del P. Tomas Kraft) Una nueva etapa en mi vida

Testimonios - Testimonio de Consiliarios

Nairobi, 01 de diciembre de 2012alt

Estimados herman@s y amig@s:
Quisiera compartir con todos Uds., mi familia dominicana y otras buenas amistades, sobre un nuevo período de mi vida que recién empezó, inicialmente desconocido por mí pero ahora conscientemente reconocido y aceptado. Tiene que ver con mi salud: en pocas palabras es un diagnóstico de estar en la primeras etapas de la œenfermedad de Parkinson, una enfermedad degenerativa bastante conocida por mí porque durante mis años de seminario en Washington D.C. (EEUU) hubo varios frailes mayores que padecieron de esta enfermedad.
Permítanme contarles brevemente cómo se llegó a esta conclusión. En primer lugar, toda mi vida adulta me ha costado mantener mi peso normal; ¡tengo la tendencia de adelgazar demasiado! Nunca encontré explicación de ello; solo supuse que se trataba de un metabolismo hiperactivo. En general he gozado de una excelente salud toda la vida. Sólo hubo el caso de hepatitis que contraje en Perú alláaa¦en 1981 (del siglo pasado) del que recuperé totalmente. Otras cosas como cáncer de la piel fueron tratables¦Pero recién (a mediados de octubre) me pesé en nuestra balanza casera, y había bajado a 138 libras (con zapatos y ropa puestos) - - ¡¡un peso que no recuerdo haber tenido desde la adolescencia!! Me asusté un poco, y después de conversar con mi familia, y con el parecer de un hermano de la comunidad que sabe cuidar bien su salud, decidí hacerme ver por un médico sobre el hecho. El primer doctor que vi no podía dar con la causa, y dijo que yo era una especie de enigma para él, sugiriendo que yo visite a un medico muy hábil en el diagnóstico que él recomendaba para una œsegunda opinión.
Ese médico joven (45-50 diría) de ascendencia hindú, me impresionó muy gratamente por su paciencia, trato amable, y sobre todo su perspicacia y acierto. Hablamos durante media hora de otros síntomas que he estado experimentando el último año, año y medio, que me estaban haciendo sentirme ˜viejo™ e incluso ˜decrépito™. Me hizo unas preguntas puntuales, y luego me examinó incluyendo unas pruebas sencillas de las funciones motores. Fue muy franco conmigo, pero a la vez muy amable, diciéndome que una posible (y probable) explicación de los síntomas que había estado experimentando era la enfermedad de Parkinson, y mandó hacer unos análisis de sangre para descartar otras posibles explicaciones. A pesar de la tentativa diagnóstica muy seria, no recuerdo nunca haber estado tan contento con la competencia y atención de un médico. Recibí el posible diagnóstico con calma, y, una vez en casa, busqué en internet sobre esa enfermedad.
Encontré una página muy informativa y bien documentada sobre Parkinson, que ¡mencionó varios otros síntomas que me había olvidado decir al médico pero que también había notado! Con esto estaba como convencido del diagnóstico positivo, aunque faltaba la confirmación del doctor. Decidí guardar el asunto para conmigo por una semana o dos, hasta ver los resultados de los análisis con el médico, tomándolo como un retiro personal con Jesús, y esperando los resultados de la segunda cita para compartir con las personas más cercanas a mí. Me sentí en paz con esta nueva realidad en mi vida porque tengo muy presente gratos recuerdos de varios frailes mayores que vivieron en el estudiantado conmigo, que pasaron por las etapas de esta enfermedad con ecuanimidad ejemplar, así que no me siento solo, sino bien acompañado en afrontar este descubrimiento que revela un nuevo rumbo de mi vida.
El día después de esa primera cita del médico noté en la oración comunitaria de laudes las siguientes frases:
œ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación o angustia, la persecución o el hambre, o la desnudez o el peligro o la espada? ¦ Pero en todas estas cosas salimos triunfadores por medio de aquel que nos amó. (Rom. 8,35.37)
œBendeciré al Señor toda mi vida.
Entonces confío que, con la gracia de Aquel que œvenció el mundo puedo seguir estando de buen ánimo (Jn. 16,33), aun afrontando esta condición progresivamente debilitante, y œbendecir al Señor toda mi vida. He encontrado, dicho sea de paso, una vitalidad y frescura notoria en las Escrituras este último mes que estoy ˜procesando™ esta nueva realidad en mi vida.
Y bien, los análisis de sangre descartaron otras explicaciones de mi condición, y el joven médico, cuya especialidad era cardiología me dijo que œparece que tienes la enfermedad de Parkinson, y me recomendó a su vez a un neurólogo. Con esto, compartí con mis superiores, los padres de la comunidad y mi hermana Ellen la noticia del más o menos confirmado diagnóstico, pero decidí esperar todavía el parecer del especialista antes de compartirlo con un círculo más amplio de familia, comunidad y amistades.
Pues, hace unos 10 días tuve cita con ese neurólogo (también hindú, que me impresionó igual que su colega), y después de una larga conversación y un juego de pruebas físicas en su oficina me dijo que ciertamente tenía alguna forma de la enfermedad de Parkinson. Pero también mandó otra serie de análisis, incluyendo un œbrain scan(MRI) para ver más precisamente el variante de la enfermedad que tengo, después del cual, dijo, podríamos hablar sobre las opciones de tratamiento. (El mal tiene tratamiento para los síntomas motores de tembladera, paso arrastrado, lentitud de movimiento, inestabilidad, etc., pero la enfermedad misma no tiene cura conocida y es imparable, aunque normalmente de muy lento desarrollo.) Entonces compartí sucesivamente con los hermanos estudiantes de casa, los demás frailes del Vicariato, las hermanas y laicos OP, y un círculo de herman@s dominic@s, amistades y familiares en los EEUU, comenzando con mi mamá y hermanos. He demorado hasta hoy en traducir y enviar esta carta para Uds. mis herman@s de habla castellana en el Perú y otras partes, pero les he tenido presente en la mente y el corazón desde el principio.
Ahora hace 2 días fui para esa segunda cita con el neurólogo, y todo va bien dentro del cuadro de esa enfermedad. Ya que los síntomas son todavía muy ligeros, no hay necesidad de medicamentos, sino solo un poco de terapia física para aprender a cuidarme con respecto a los problemas típicos de la EP, y ejercicios que parecen incluso pueden retardar el desarrollo de la enfermedad.
Bueno, creo que es suficiente. Cuento con sus oraciones y apoyo moral, pero por favor no estén afligidos a causa de mí. Estoy actualmente en buena forma y apenas se notan los primeros síntomas. Uds. pueden comentar esta noticia con quienes quieran; no es para mí un asunto vergonzoso, así que no me molesta que otra gente se entere, pero quería que Uds. mi herman@s y amig@s más cercanos lo escuchen de mí directamente. Si alguien tiene curiosidad para saber más sobre esta enfermedad, estoy adjuntando unas páginas sobre mis síntomas, una explicación médica de la enfermedad sacada del internet, y una breve descripción de los frailes y otros que he conocido que padecieron esta misma condición en las etapas más graves.
Para terminar, quiero reiterar que mi vida corre casi como normal hasta el momento presente: me siento bien, de muy buen ánimo, continúo como maestro de los frailes estudiantes aquí en Nairobi, enseñando en el seminario, además de otras varias cositas que hago¦En la actualidad no estoy ˜padeciendo™ ni preveo por el momento cambios significativos en mi vida ni en mi ministerio. El tiempo vendrá para esto, pero sólo Dios sabe si en meses o en pocos o muchos años. Estoy en las amorosas manos del Señor, y tengo el muy concreto apoyo fraterno de mis hermanos de comunidad.œNo os pongáis tristes: el gozo del Señor es nuestra fuerza (cf. Neh. 8,10)

Con cariño,

P. Tomasito.